miércoles, 05 de abril de 2006
09:28:21 - 01/03/2006Vocento VMT -El jefe del Ejecutivo quería evitar acudir a Valencia al Encuentro Mundial de las Familias por temor a las críticas de asistentes al acto disconformes con sus políticas.

La organización de la visita del Papa a España para participar en el V Encuentro Mundial de las Familias (EMF), que debe celebrarse en julio en Valencia, ha provocado una nueva situación de tensión en las relaciones entre el Gobierno y el Vaticano, según ha podido constatar ABC en diversas fuentes.
El Ejecutivo ha visto frustrados sus deseos de que Benedicto XVI, no sólo acuda a la capital valenciana, sino que también pase por Madrid. José Luis Rodríguez Zapatero pretendía que su posible encuentro con el Papa no se produjera en el ambiente de una reunión a la que asistirán muchas personas disconformes con la política que su Gobierno desarrolla en asuntos que afectan a la familia y a la educación, como la legalización de los «matrimonios» homosexuales o la Ley Orgánica de Educación (LOE).
La respuesta de la Santa Sede a la pretensión de Zapatero ha sido negativa, porque la visita tiene un objetivo muy concreto que es clausurar el Encuentro Mundial de las Familias en Valencia. Para que el Papa se hubiera desplazado a Madrid habría sido preciso que se desarrollara algún tipo de acto más general, lo que no estaba previsto.
Así pues, Benedicto XVI pasará poco tiempo en España -desde la mañana del día 8 de julio hasta la del día 9- y no hay ninguna previsión de que vaya a otro sitio distinto de Valencia. Será allí donde le reciban Sus Majestades los Reyes y donde, posiblemente, pueda conversar con Zapatero si éste acude al Encuentro. Pero todo apunta a que, dada la apretada agenda del Papa, esa reunión con el jefe del Ejecutivo será breve y desde luego no tan prolongada como lo hubiera sido de producirse en Madrid.
Fuentes cercanas a la organización de la visita consultadas por ABC señalaron que el Gobierno no se dio cuenta hasta hace poco de la trascendencia que tendría el Encuentro Mundial de las Familias, al que se espera que asistan cerca de dos millones de personas. En las últimas semanas, sin embargo, ha advertido el alcance de la visita y ha intentado lograr una audiencia con Zapatero a su medida.
Por un lado, el Gobierno es consciente de que si Zapatero no acude a Valencia durante la visita del Papa puede ser objeto de muchas críticas; por otro, teme que su presencia allí provoque los reproches de algunos de los participantes en el acto, molestos con su política. La manera de salvar esa situación sería que la audiencia del Papa tuviera lugar en Madrid, en un ambiente más «aséptico».
Pero las maniobras del Gobierno no han dado fruto. El pasado miércoles, los Servicios de Protocolo del Estado y de la Moncloa se reunieron en Valencia con los organizadores del Encuentro y con responsables del Vaticano para preparar el acto y los itinerarios del Papa, así como las posibles audiencias. En esa reunión quedó casi definitivamente descartada cualquier prolongación de la visita a Madrid.
Si Zapatero quiere hablar con Benedicto XVI tendrá que viajar a la capital del Turia, acompañando a los Reyes, y, previsiblemente junto a sus dos vicepresidentes: Pedro Solbes, que es valenciano, y María Teresa Fernández de la Vega, que, además, viajará al Vaticano en los próximos meses para preparar la visita e intentar reparar la imagen que dejó cuando se presentó de manera precipitada en la Santa Sede, en vísperas de la manifestación que hubo en España contra la LOE. También es muy probable que acudan los titulares de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, que estuvo hace poco en visita oficial en el Vaticano; de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, e incluso de Defensa, José Bono.
Las mencionadas fuentes indicaron que no entienden las reticencias de Zapatero a desplazarse a Valencia, «porque -dicen- el Papa no vendrá a hacer un repaso de las políticas del Gobierno, como Juan Pablo II no lo hizo en Cuba cuando estuvo con Fidel Castro; simplemente mantendrá la doctrina de la Iglesia, que es igual para todo el mundo».
Al ver que la estrategia planeada no ha dado resultado, el Gobierno ha decidido finalmente subirse al carro de la organización, y ayer se atribuyó la invitación al Papa para visitar España. Primero, el nuevo embajador ante la Santa Sede, Francisco Vázquez, dijo ante los periodistas, tras haberse reunido con Zapatero, que fue una carta de éste la que invitó a Benedicto XVI a venir a España y dio por seguro un encuentro entre el Papa y el presidente del Gobierno.
«Además de una dimensión espiritual -dijo-, hay una dimensión institucional. El Papa no sólo es el jefe espiritual de la Iglesia Católica, sino también el jefe de un Estado soberano, como es el Vaticano. En su visita a España se reunirá con las altas instituciones del Estado: con Sus Majestades los Reyes, con el presidente del Gobierno...».
Posteriormente, el secretario de estado de Comunicación, Fernando Moraleda, se expresó de esta manera, al hablar de una posible audiencia al jefe del Ejecutivo: «Tenemos que ajustarlo en la agenda, pero la visita responde a una petición e invitación del presidente Zapatero para que Su Santidad celebre un encuentro como consecuencia de unas jornadas y que pueda visitar España».
Además de insistir en que la visita «responde a una invitación de Zapatero», el portavoz gubernamental subrayó que el viaje del Santo Padre a nuestro país será el segundo que haga en su Pontificado, después de haber estado el pasado verano en Alemania. Moraleda olvidó que del 25 al 28 de mayo el Papa visitará también Polonia.
Publicado por tabor @ 10:22  | Encuentro familias2006
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