A las 12 horas, en memoria de la víctimas y en acción de gracias por la caridad hacia los damnificados
El arzobispo de Valencia, monseñor Agustín García-Gasco, presidirá mañana, domingo, en la Catedral a las 12 horas una misa conmemorativa de la riada ocurrida el 14 de octubre de 1957 en la capital valenciana, con motivo del 50 aniversario de las inundaciones, que provocaron más de 80 muertos.
Durante la eucaristía “se elevarán oraciones por el eterno descanso de las víctimas mortales de aquellas inundaciones y también en agradecimiento por la abundante ayuda que, gracias a la caridad ejemplar de personas e instituciones, recibió Valencia desde la propia provincia y desde el resto de España y de otros países tras la riada”, según han indicado a la agencia AVAN fuentes del Arzobispado de Valencia.
La misa, que ha sido organizada por el Arzobispado en colaboración con el Ateneo Mercantil de Valencia, será concelebrada por miembros del cabildo catedralicio, así como por sacerdotes de las parroquias y localidades que resultaron más afectadas por la inundación de hace cincuenta años. Además participará la Coral Catedralicia
Igualmente, las parroquias de la diócesis de Valencia recordarán también durante las misas del domingo a las víctimas y damnificados por la riada, y elevarán plegarias en acción de gracias por la ayuda que recibió Valencia.
La diócesis de Valencia atendió y dio alojamiento a 3.978 de las 5.793 personas que se vieron obligadas a abandonar sus viviendas en la capital valenciana durante los primeros días tras la riada de octubre de 1957, la mayoría de las cuales perdieron sus hogares, según fuentes del Archivo Diocesano del Arzobispado de Valencia.
El mayor número de afectados fueron acogidos en parroquias, conventos, colegios, albergues y sanatorios católicos, así como en el antiguo seminario o en el Palacio Arzobispal. El resto fueron alojados en edificios propiedad de entidades civiles, a las que se desplazaron numerosos sacerdotes, religiosas e integrantes de entidades católicas para atenderles, según las mismas fuentes, que han precisado que la estancia de los acogidos se prolongó en algunos casos varios meses.
Los atendidos en los albergues, la mayoría de ellos “improvisados ante la tragedia”, recibieron además de alojamiento, alimentos, mantas, prendas de abrigo, medicinas y atención sanitaria, procedentes de numerosas congregaciones religiosas, movimientos cristianos como Acción Católica o los Scouts, así como de entidades benéficas aconfesionales, la Administración Pública o empresarios.